Me habían contado muchas cosas sobre la hospitalidad saharaui, y hoy la hemos sentido de corazón.
Con la mano en su corazón nos recibió el abuelo, se alegró mucho de conocernos y de ver a su nieta, a la que contínuamente le preguntaba cosas, en español y cuando lo hacía en hasanía se apresuraba a contarnos su conversación.
Salaku nos ofreció perfume para las manos y quemó incienso, llenando la casa de ese olor delicioso e inigualable , y empezó el ritual del té, y entre tés, cacahuetes, risas con las ocurrencias de Emma, se nos fue la tarde.
El abuelo Hach, como buen anfitrión, nos ofrecía continuamente la casa, si queremos descansar, ducharnos, si nos vamos a quedar a dormir... siempre termina con la frase "ya saben que desde ahora nuestra casa es vuestra casa..."
En el cuarto té ( el de la suerte, diría Sidahmed) llegó Mahfud de trabajar. Antes habían llegado Aminetu y Fatma, primas de Emma.
Y cuando decimos que nos tenemos que ir, Salaku se va a la cocina, y Mahfud nos dice que antes de irnos tenemos que comer el cus cus que está preparado, que espera que nos guste, y que su hermana es la cocinera oficial de la familia en los campamentos, la que prepara las comidas especiales cuando hay invitados.
Y doy fe de que es un pedazo de cocinera. El cus cus estaba delicioso. Y cuando no podíamos más, aparece con dos bandejas con frutas .
Cuando nos despedimos, nos agradecen la visita, y de nuevo nos invitan a ir de visita a su otra casa, la de los campamentos.
Emma se ha quedado con ellos hasta la próxima prueba del hospital , y al poco de estar en casa, nos parece que hay demasiado silencio: faltan sus cantos, que ahora estarán alegrando la casa del abuelo Hach.
3 comentarios:
La hospitalidad saharaui. Nadie puede comprenderla si no la ha disfrutado.
Té y cuscús. No me imagino nada tan agradable.
Un abrazo fuerte
Un abrazo también para tí, Antònia.La hospitalidad y la nobleza...
Qué impotencia cuando nos invitan a su otra casa, la de los campamentos. Qué rabia me daba pensar que en vez de aguantar las condiciones inhumans en las que viven, podrían estar en su país libres.
Antònia, me encanta la frase que utilizas: "llegaremos al mar".
Debemos creerlo, gritarlo y exigirlo. Todo sirve, vacaciones, caravana, visitas, escritos, mociones, pataleo...todo menos aceptar con conformismo la injusticia que sufre nuestro pueblo, porque ya es nuestro como nuestra es su causa.
No importa donde lo haga. Lo importante es el canto, el canto a la vida, el canto a la libertad y como no el canto para alegrar el corazón cansado del abuelo.
Un fuerte abrazo para todos.
Sidahmed, tenemos una cita pendiente. Estoy esperando a Abdala (mi hijo saharaui) cuando llegue nos pondremos en contacto paa visitarnos.
bilbo
Publicar un comentario